miércoles 27 de agosto de 2008

HASTA LUEGO, CONSTANTINO


Constantino Carvallo, era un hombre de primera, desde la primera vez que lo vi, quedé impactada por su personalidad: Fuerte, pero a la vez noble, íntegro como pocos, apasionado, claro, contundente, frontal, así era como lo veía en cada una de sus entrevistas, sólo que la última vez lo vi extremadamente exaltado, y probablemente, -me atrevo a especular-, esa pudo ser una de las causas que le desencadenaron un ataque cardiaco que se lo llevó a la otra. Carvallo era un tipo comprometido que defendía con pasión sus puntos de vista, que sufría por las causas que no podía enderezar, sobre todo las que se referían a la educación y a Alianza Lima, las dos grandes pasiones de su vida.

A Constantino Carvallo lo mató la indignación. Dicen que la angustia, la indignación, la vergüenza y la culpa son las verdaderas causas de la muerte. Las enfermedades y los accidentes son sólo el pretexto, son los efectos de esos sentimientos, el organismo se desordena por el caos que ocurre en la mente y por eso se producen los males físicos, empieza a irle mal a uno, eso lo lleva a enfermarse o a sufrir un accidente fatal, los más fuertes resisten y, los otros, simplemente se van.

Carvallo fue un educador que apostó por un nuevo modelo de enseñanza, con una educación inclusiva y sobre todo crítica, donde los chicos aprendan a pensar por sí mismos. Formó parte del Consejo Nacional de Educación, propuso mejoras que ni éste, ni los anteriores gobiernos aplicaron. A su muerte, le han entregado las Palmas Magisteriales, aunque el ya no esté para disfrutarlas. Constantino no se conformó con la teoría, en su colegio Los Reyes Rojos, puso en practica cada una de sus ideas innovadoras, y, por lo que he sabido los chicos son muy libres y con una gran dosis de autoconfianza.

La otra pasión de su vida era el club deportivo Alianza Lima, donde fue dirigente muchos años. A veces se dejaba ganar por la indignación y dejaba de participar, pero a la larga siempre volvía. Soñaba con un Alianza Lima fuerte, con un club que de resultados positivos, sufrió mucho cuando se reveló la verdad sobre el accidente aéreo que acabó con la vida del equipo juvenil en 1,986. Su pesar se ahondó más todavía en los últimos días, cuando comprobó que “La Foquita” Farfán y Paolo Maldonado, futbolistas por los que había apostado, educándolos gratuitamente desde su niñez, no llegaron a convertirse en los adultos que él había soñado. Le decepcionaba que los dirigentes insistieran en contratar a jugadores como Waldir Saenz o Jayo, a quienes él consideraba como anti deportistas.

Algún día, Carvallo volverá reencarnado en el Ministro de Educación que el Perú necesita, o en el presidente que hace tiempo Alianza Lima reclama, uno íntegro, con real interés en mejorar el nivel de vida de los educandos. Será el mejor presidente de Alianza, un club con valores humanos y no un simple hacedor de estrellas, sin fortaleza espiritual.

Quisiera compartir con ustedes un texto que Constantino Carvallo escribió en su libro “Diario Educar”, este libro que debería ser de lectura obligada para todos, fue presentado el año pasado, aunque muy pocos se hayan enterado.

"Por mis alumnos, me he sentido grande y poderoso. A veces hasta sabio y elocuente. Me he sentido padre bueno, compañero, hermano, amigo. También, aunque duela confesarlo, me he sentido hijo, hombre débil que se ampara en otra fortaleza. He cogido sus miradas atentas y las he llevado conmigo para salvarme de la soledad y de la pena. Solo al recordarlas he podido abandonar la seriedad y darle menos importancia a mi vida.

He dialogado en silencio con muchos y me he sentido lúcido y ameno. He aprendido la bondad y el candor de algunos; de otros, en cambio, he copiado el vigor, la seguridad, el entusiasmo. Porque los chicos deben ver en un maestro a una persona firme, que les muestre que llegar a la adultez es deseable.
Eso es lo que exhibo, pero muchas veces no es lo que siento. A veces creo que la vida no vale la pena ser vivida, que no es importante conseguir lo que se quiere. Pero jamás he compartido con un alumno un momento de depresión. Cuando murió mi padre me ausenté del colegio para no compartir con mis compañeros mi duelo. Así que he pasado la mitad de mi vida tratando de mostrar a mis alumnos algo que no siempre soy. Me persigue un sentimiento de usurpación, de estar en el lugar del otro.(...)

Un buen maestro es quien mantiene una relación asimétrica con sus alumnos: da y no espera recibir. Yo lo máximo que espero es que se afirmen a sí mismos y que sepan adaptarse a este mundo.(...)

Cuando encuentro un exalumno en la calle, no me interesa saber qué estudia. No me interesa tampoco si ha ingresado en el primer puesto a una universidad porque igual puede ser un canalla. Me interesa cuál es su pasión y si la está llevando a cabo. Creo que la pasión es lo único que nos salva.(...)

Hemos visto el conmovedor filme de Bergman, Fresas salvajes. Yo no creo en las edades del hombre ni en teorías sobre la evolución lineal de su vida. Ni siquiera infancia, juventud, vejez son etapas que se suceden una tras la otra. Podemos ser niños o viejos a cualquier edad. Tolstoi tiene una división más interesante, pero también en secuencia. Para él hay tres fases: en la primera se vive para las pasiones, la comida, la bebida, la diversión, etc. Así hasta los 30. Después comienza el interes por los hombres, por el bien, por la humanidad, por entregar una obra. Finalmente, a partir de los 60, ni las pasiones ni los hombres, ni siquiera uno mismo, interesan más. Se busca a Dios, la espiritualidad.
¿No podemos acaso en un mismo día atravesar edades diferentes? ¿Soy yo demasiado voluble? Por la mañana entusiasmado, pasional. Al medio día un niño, angustiado, irresponsable. Al anochecer busco el absoluto.

4 comentarios - en este espacio déjame tu parecer:

Jorge Zevallos dijo...

Constantino Carvallo, fue un hombre a todas luces maravilloso, no sólo por la profundidad de sus conceptos llevados a la práctica, sino porque hizo de la ponderación y el metodo de educar, una forma de vida. Vivió y habló como pensó, Que bien que coincidamos en ensalzar sus virtudes. me hubiera gustado un poco de crítica con razón a esa estupidez de otorgar palmas magisteriales, cuando ya no se está vivo. No hay razón pa ral premio, alguén dijo que si queremos homenajear a alguien, entonces que sea en vida, lo demás es hipocresia.

gladys vasquez dijo...

No sabía mucho de Carvallo hasta que él murió. Me parece que fue un hombre profundo si pensó que la educación era importante para los seres humanos. Comparto la idea de lector Jorge Zevallos que los homenajes se hacen en vida porque después de muerto es inútil. De cualquier forma, considero valioso que se le recuerde en este blogger.

Adios maestro Constantino! Carlota Villa dijo...

Esta es una de las ocasiones en qué uno se pregunta, por qué los buenos se van tan rápido y por qué los inútiles e improductivos (los políticos) se quedan tanto tiempo

Mon petit amie dijo...

Alguna vez yo también me he preguntado la razon de los homenajes post mortem. La respuesta debe ser que las organizaciones que las entregan no pueden predecir cuando algun grande se va a morir, debe ser difícil sobre todo cuando se trata de alguien tan jóven como Constantino. Con los que si no hay perdón es con la gente que ya está cerca de irse, como por ejemplo Augusto Polo Campos en la música, Arturo Cavero en la música negra y muchos otros.

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